A las afueras de Madrid, en casi la única zona donde es posible estar en plena naturaleza sin haber salido del caso urbano, entre instalaciones de la Guardia Real, en el área de El Pardo, se encuentra uno de los emplazamientos militares más desconocidas de nuestro país. Un centro que es referencia mundial en investigación para la construcción de embarcaciones marítimas, pese a que se encuentra en plena meseta castellana, a kilómetros y kilómetros de la costa.

Su historia se remonta a 1928, cuando la propulsión mecánica llegó a los barcos. Las marinas más importantes del mundo empezaron a construir canales en los que investigar el comportamiento de los cuerpos dentro del agua para mejorar sus embarcaciones. El entonces rey de España, Alfonso XIII, no quiso que nuestro país se quedara atrás y mandó desarrollar un proyecto similar. Así nació lo que hoy se conoce como Centro de Experiencias Hidrodinámicas de El Pardo (CEHIPAR).

Recorrer ahora algunas de estas instalaciones es como viajar en una máquina del tiempo, ya que todavía están en uso buena parte de las construcciones originales, aunque otras muchas han sido reformadas y presentan un estado actualizado. Allí trabajan a diario un grupo de ingenieros que estudian, experimentan e investigan los aspectos hidrodinámicos de la construcción naval militar, mercante, pesquera y deportiva. Todo, bajo la supervisión del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), un organismo dependiente del Ministerio de Defensa.

Por su manos pasan proyectos navales de la máxima importancia, tanto para astilleros públicos como para empresas privadas. Es por ello que guardan con sumo secreto los proyectos de todos y cada uno de sus clientes, entre otros cosas porque trabajan para empresas que compiten entre sí. Uno de los que están terminando de desarrollar ahora está relacionado con las fragatas F110 de la Armada, uno de los programas aprobados en los últimos meses por el Gobierno.

Para llevar a cabo estos trabajos, cuenta con tres instalaciones principales. La primera de ellas es el Canal de Aguas Tranquilas. El ordenado construir por Alfonso XIII medía 200 metros de longitud, pero en los años cincuenta del siglo pasado fue ampliado hasta los 320 metros actuales. Tiene 12,5 metros de ancho y tiene 6,5 metros de profundidad. Para que las mediciones sean perfectas tiene incorporada la cantidad correspondiente de desnivel por la curvatura de la Tierra.

Allí se introduce un modelo del buque a escala lo suficientemente grande y preciso y se le realizan pruebas sobre la resistencia del agua al avance del buque, autopropulsión, arrastre y tracción, propulsor aislado, medida de estela y líneas de corriente, según las peticiones del cliente. Los datos de las pruebas llegan a los ordenados del centro a través de un sistema automático de tecnología digital.

Pero no sólo las miniaturas de buques hacen uso del mismo. En los últimos años han pasado por este canal, para tratar de mejorar en aspectos hidrodinámicos, algunos de los primeros espadas del piragüismo nacional, deportistas de élite que han conseguido medallas y diplomas en algunos de los últimos juegos olímpicos. También lo han hecho las dos campeonas españolas en windsurf, una de ellas también con medalla olímpica.

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Prueba a escala de una hélice en el túnel de cavitación

Otra de las instalaciones principales es el Túnel de Cavitación. En la parte superior del mismo se introduce, junto a la reproducción fidedigna de la parte baja del casco, una hélice propulsora también a escala, con el objetivo de analizar la cavitación que provoca, es decir, la formación de burbujas de vapor de agua, causada por las variaciones de presión, que tras implosionar por los cambios de presión traen consigo vibraciones que causan desperfectos en la propia hélice o aumentan la corrosión de la zona inferior del buque.

La cavitación también es la principal causante de los ruidos que provocan las embarcaciones en su navegación. Estos ruidos podrían ser secundarios en buques mercantes, pesqueros o deportivos, pero son muy importantes en los navíos de guerra, ya que facilita la detección de su presencia por las embarcaciones enemigas. Incluso es vital para los submarinos, en los que el sigilo es su principal virtud y, precisamente, son localizables únicamente por el ruido que generan.

La última de las instalaciones principales es el Laboratorio de Dinámica del Buque, conocido como el Canal de Olas. Es una gran piscina de 150 metros de longitud, 30 metros de anchura y 5 metros de profundidad, que dispone de un moderno sistema de generación de oleaje e instrumentación para ensayos de los movimientos de buquesplataformas offshore (petrolíferas o gasistas) y artefactos flotantes con diferentes niveles de oleaje y viento.

Aquí se comprueba, también con la utilización de un modelo a escala, que el diseño de la embarcación desarrollado por el cliente se va a comportar con las condiciones de seguridad y movimientos exigidas por el propio cliente.

 

** publicado en Libertad Digital.com **